Las Plantas Medicinales: Saberes olvidados? O un Legado Ancestral que Sigue Vivo
Mi bisabuela, cuando yo era pequeña siempre me daba chocolate con ruda, me decía muy a menudo que las “yerbas” servían para todo, hacia aguas de muchos tipos y los colocaba en la barra que daba al frente del pasillo de la cocina, eran litros y litros, siempre había que tomar, tenía sus truquitos, sus clásicos, sus infaltables eran: agua de toronjil, limonaria, fumaria, yerbabuena, cidrón y manzanilla. Ocupaba un cajón de la alacena destinado para sus plantas donde guardaba de todo tipo, envueltas en papel periódico dentro de una canasta, así cada que necesitaba disponía de ellas, yo que era tan pequeña recuerdo que con entusiasmo cuando cosechaba las yerbas en la finca, ella me pedía unas en particular y tenía sus favoritas como dije antes, al llegar a casa ella tan sabia, disponía de ellas y las ponía a secar así como también ponía hervir agua para hacer infusiones con las que aún estaban frescas, mi abuela enfermó de alzhéimer, cuando yo tenía 12 años no me alcanzó a transmitir su sabiduría de para que usaba cada una de ellas, dentro de mis pocos recuerdos sé que usaba el agua de manzanilla y las uchuvas para los ojos, de las ultimas decía que le aclaraban la vista, las espichaba y dejaba caer el jugo directo sobre el ojo.
Hacia un remedio para la gripa a base de claras de huevos, sábila, jugo de naranja, miel y si había jengibre, esto se licuaba o batía hasta hacer ponche, el famoso ponche milagroso para la gripa.
La alcachofa la usaba para el azúcar en la sangre que tenía mi nono (Bisabuelo), hoy en día tenemos claridad de los componentes y sabemos sus beneficios se hacen productos a base de estas, pero mi bisabuela a quien le diré en adelante nona; forma regional de decirle en los Santanderes, que era analfabeta y no sabía leer ni escribir, recibió esta información de sus mayoras y con sumo cuidado y atención la fue replicando.
Seguro que mi nona sabía hacer un sin de remedios para muchas cosas diferentes, pero debido a su condición sus saberes se quedaron cortados en el tiempo, su hija quien es mi nona también, conserva algunos de sus saberes, yo quien recuerdo pocas cosas aparte de las mencionadas, me la paso preguntándole a ella y sus contemporáneas en pro de rescatar recetas y elementos que en nuestra vida diaria nos resultan indispensables.
Ahora que soy adulta y vivo de las plantas, que me apasionan un montón, conservo las pocas tradiciones aprendidas y me gusta compartirlas, porque nunca sabemos con certeza cuando podamos replicar nuestros conocimientos, porque me resulta increíble que se pueda integrar esto que nuestros mayores sabían y ninguna evidencia científica les mostró, porque trabajar con las plantas es como vivir con la nona, y si presto suficiente atención puedo escuchar su voz diciéndome de forma exacta como mezclar cada cosa y pa’ que sirven.
